miércoles, 25 de noviembre de 2015

LOS GARCIA -25 DE NOVIEMBRE




Sentada en esta banca pienso en mi vida. Ya no queda nada de esa emoción inicial de flotar sobre los techos. Moverme por encima de los parques y esperar sentada en las copas de los árboles. Acechando a vagabundos y niños perdidos con sus tarritos de pegamento. El gusto de la cacería. La recompensa final.

En casa la carne cruda escasea. Mi madre ya no sale a hacer compras como antes, se la pasa todo el día sacándole brillo al hacha de papá. Mi hermano parece que tiene algo roto por dentro, lavándose siempre las manos hasta sacarse sangre de la piel, mirando las paredes como si quisiera hablar con nuestra abuela.   Ese sitio ya no es mi hogar.

En otras ciudades los vampiros adolescentes se mueven en manadas, bañando de sangre el asfalto nocturno de las ciudades. Yo amo mi soledad, pero a veces quisiera un acompañante, otro monstruo que mire la luna como yo la miro. Alguien con quien compartir la cacería. 

Por eso me acerqué a ese muchacho. Ese que tenía una mirada oscura, un brillo de demonio. Lo seguí por horas y me hice notar. Él me esperó en un callejón. Noté que tenía un bulto bajo su chaqueta. Me dije a mí misma que era una pistola, una navaja quizás. Me acerqué confiada de mis colmillos y cuerpo inexpugnable. Él me dejó acercarme y ofreció su cuello. Yo, consumida por la fantasía de un amante inmortal, me dejé llevar.

Tardé un tiempo en sentir la estaca rascando mi corazón. En un parpadeo desmembré al muchacho, pero el daño estaba hecho. En el fondo sabía lo que iba a pasar, siempre lo supe. Ahora la banca se alarga debajo de mí, como un mausoleo de granito. Allá arriba la luna se torna roja y yo siento frío, por última vez.

Alberto Sánchez Argüello

Managua Noviembre 2015

#Wordvember DÍA 25