martes, 14 de julio de 2009

CRONICAS DEL TIEMPO DE NO TIEMPO: La Vision


Y fue así que se juntaron los guardianes de los ritmos de la luz, vinieron del Norte y del Sur, los Tlamatinimes. Ya había pasado otro ciclo de 52 tunes y era el momento de hacer la gran reunión, en las orillas del portal de Xochipilli, ahí donde los venados azules vigilan, la llamada laguna de Apoyo en Masaya.


Saludaron al Este donde sale el sol, saludaron al Norte de donde viene el viento frío, saludaron al Oeste donde se teje el tiempo y saludaron al sur donde inicia el camino y nace la semilla.


De Matagalpa, de Jinotega, de Masaya y Rivas, los Tlamatinimes herederos de las casas de mecate, de la escuela de Quetzalcóatl venida de Teotihuacán, entraron al sueño de sus almas y se abrió ante ellos la dimensión profética, la visión de un futuro sin tiempo.


Ellos y ellas vieron un mundo de agua y fuego, el día de un sol negro, la noche de mil flamas, caminaron en un desierto helado durante mil años, sedientos y hambrientos, llegaron al fin del mundo en silencio, sin rastros de humanidad, solo el rastro de Ah Ektenel, el señor de los zopilotes. Y entonces se abrió la tierra y vieron debajo de sus pies los ojos hundidos y la locura de todos los hombres y todas las mujeres comiéndose a ellos mismos, y tuvieron que ver aquello porque la visión era esa y su misión era entenderla.


Vieron una humanidad en oscuridad, envuelta en inmundicia, derrumbada en medio de piedras y cal, cadáveres podridos envolviendo el mundo y la tierra sangrando de tanta muerte.


Y cuando los ojos de los tlamatinimes sangraban también, escucharon un sonido horrible que les heló el corazón y se mostró ante ellos, tan largo como el horizonte, el inmundo Gusano Sac Uacnal, el que come los corazones de los hombres, y el sonido era como un grito helado que asemejaba una carcajada grotesca y desde el interior del gusano surgieron palabras que agujerearon las mentes de los tlamatinimes: “ustedes han perdido”


Y los guardianes de los ritmos de la luz, cayeron a la tierra, cubriéndose los oídos para impedir la entrada de los sonidos del Gusano, pero sus corazones ya se habían infectado y salieron del umbral escapando de la Visión apenas con la respiración intacta y la mente aun brillante pero triste.


Y la tristeza cubría a los asistentes de la reunión, se les preguntó lo que vieron pero solo la gran madre de Rivas se atrevió a contarlo y los jóvenes lloraron ante el destino visionado, otros rechinaron los dientes con rabia, y los más ancianos sintieron que su alma marchitaba y que no había esperanza.


Solo Chombo tomó fuerza de su corazón y recordó la lección de su abuela, maestra de la escuela del Norte, que le había enseñado a volar, vivir sin aferrarse a nada, sin posarse nunca, y así decidió que la guerra florida había que hacerla mas allá de aquella visión, viviendo la vida con alegría y propósito.


Aquel fue el principio del fin de la clásica escuela de Quetzalcóatl venida de Teotihuacán. Los Tlamatinimes fueron muriendo dentro de si, carcomidos por la visión del gusano Sac Uacnal, por la desesperanza del oscuro destino de una humanidad que se destruiría así misma.


Solo Chombo y unos cuantos mantuvieron la esperanza en la guerra florida, que no necesita saberse vencedora, por que el destino cambia como cambia el vuelo de las gaviotas y el viento del Norte; el cambio que inicia en uno y que puede expandir su luz, hasta los lugares mas oscuros.


Y fue así como el linaje de la escuela Tlamatinime murió, pero Quetzalcóatl persistió.


7TOJ 9 JUNIO 09