jueves, 30 de julio de 2009

CRONICAS DEL TIEMPO DE NO TIEMPO: La Oscuridad


Había llegado el día del venado, once muchachos se movían despacio hacia la cueva sagrada, el gran pasaje de las iniciaciones, lugar santo de los Ajquis, los guías de la comunidad.

Antes de recibir la vara de autoridad debían pasar la prueba del silencio, en medio de la oscuridad de los huesos de la tierra, en el camino hacia la luz desde las entrañas. Ellos estaban temblando, algunos ya lo habían intentado y sabían que no había vuelta atrás después de pasar entre las rocas grises de la entrada imponente.

Ellos en común tenían que eran jóvenes, apenas de barba y con la mirada plena, pero uno ya pasaba la edad de los aprendices, Manuel ya era hombre, serpiente que había caminado entre las comunidades sirviendo hierbas y calmando pesadillas, pero el consejo de ancianos había dejado que terminara su proceso, iniciado muchas lunas antes del tiempo del no tiempo, antes que los militares mataran a sus niñas, cuando su gente aun vivía.

Manuel dejó atrás su último recuerdo de muerte, para entrar limpio al pasaje, se dio el permiso de aligerar su corazón para volver a llenarlo con la oscuridad de la cueva, con el silencio del próximo renacer.

Entraron pues, y fueron dejando tras de si la música de la montaña, el trinar de los pájaros, sonidos distantes de ganado, viento y selva. En ellos se escuchaba la respiración y poco a poco, cada vez mas fuerte, el latir del corazón.

A llegar al umbral de absoluta oscuridad el Ajquij puso en el suelo húmedo de la cueva la vela blanca e indicó que el pasaje había iniciado y fue pasando de uno en uno a los once, hacia el silencio, hacia el insondable camino sin luz, solo y sin mas protección y guía que las manos, las piernas y la intuición.

Y así se fueron yendo, Manuel cerró los ojos y aprendió a distinguir los sonidos más tenues que le mostraban como algunos guardaban la calma y caminaban serenos hacia el final de la cueva, pero otros se llenaban de apuro y sus corazones hacían ecos entre las piedras confundiendo su camino y los golpes en las paredes no paraban de sonar.

Finalmente el Ajquij señaló a Manuel, el dejó sus últimas ropas en el piso y se adentró desnudo en la oscuridad, respiró la humedad y debajo de la humedad el olor del musgo, del murciélago y de las esporas del mundo subterráneo.

Dejó que el halito del Universo lo guiara y pidió al Iq' que se llevara los dolores de su vida anterior, pidió a los ancestros su compañía, y su corazón se fue iluminando sintiendo las presencias a sus costados, de los que fueron antes, de los que le miran desde antes del tiempo, Manuel caminó con ellos y ya no hubo más tiempo y espacio, y su camino fue una pequeña eternidad, la eternidad que separaba lo que había sido de lo que llegaría a ser, gran Kan de los Q'eqchi', los que no le temen a la oscuridad.

7 TOJ

12 Ajpu´