martes, 14 de julio de 2009

CRONICAS DEL TIEMPO DEL NO TIEMPO: La Danza


El hombre no se movía, muchas veces había salido el sol por encima de su cabeza y su cuerpo seguía ahí, inmóvil bajo la sombra de la gran Ceiba real. La gente ya comentaba que había perdido el alma, que su espíritu estaba perdido y que ya era hora de que alguien le ayudara a rescatarla, pero nadie lo hacia, en el fondo sabían que el podía y debía hacerlo por su cuenta, así que lo dejaban ser.


El también lo sabía, miraba con rabia a la gente, pero no pedía ayuda porque sabía que él debía moverse por si mismo, nadie mas debía hacerlo por el. Así paso el tiempo, los árboles y el viento fueron testigos de su no caminar, de su no ser, de su no estar, pero igual lo amaron sin juzgarlo, y tampoco fueron a recogerlo, porque sabían que la luz seguía habitando en el, dormitando debajo de sus dudas y sus miedos, esperando a ser fuerte otra vez.


Y el hombre se contaminó de sí mismo, sus pensamientos se hicieron oscuros y se volvieron pesados sobre su cuerpo, hundiéndolo en la tierra y pudo ver las raíces de la Ceiba, y se fue sofocando cada vez más, con la agonía y la desesperación de alguien a quien entierran vivo, y miró los gusanos y las hormigas bajo el árbol, y sintió que caía al fondo de la tierra, al silencio, al olvido, sintió soledad como si nunca nadie jamás lo hubiera tocado, y finalmente brotaron las lagrimas de sus ojos, amargas, frías, y poco a poco, calientes, tibias, vivas.


Y se dejó sentir su herida, se dejó sentir dolor, reconoció el odio y lo entregó a la tierra, lo entregó al viento, y pidió al gran sanador, al que corta y cierra, el Tijax, la piedra de obsidiana tallada por sus ancestros, energía del norte, que le ayudara a sanar, y sintió brazas en su corazón y poco a poco, volvió a respirar, poco a poco volvió a vivir.


Entonces ofrendó su danza, y su cuerpo lentamente se contrajo como al inicio de su existencia y luego, con un ritmo de fuego fue emergiendo cada uno de sus brazos y piernas, y se sacudió el polvo y las hojas y se volvió la sombra de la Ceiba, danzando alrededor, recuperando la alegría en su piel, recuperando la vida en su carne.


En el circulo de la danza saltó y tocó tierra con sus pies y se dejó llevar por los ritmos de la luz, sintió la presencia de sus ancestros y eran tantos que tuvo un poco de temor pero podía mas la energía renovada y sabia que estaban ahí para acompañarlo en su despertar, así que siguió danzando, la danza de la vida.

7 TOJ

3 TIJAX