martes, 14 de julio de 2009

CRONICAS DEL TIEMPO DEL NO TIEMPO: El Rostro


Era Noche de lluvia en el Ocote, el cerro de piedra, antiguo observatorio astronómico de un pueblo sin nombre. El último de los herederos estaba sentado viendo hacia afuera de la cueva, absorto en el baile de las sombras que emanaban del fuego que les calentaba a los dos, al maestro y al aprendiz.


Era la séptima noche de la prueba y el calendario sagrado marcaba ocho mono, la renovación de la cuenta, inicio y fin, noche para desenvolver el gran ovillo del tiempo.


El heredero miró hacia su maestro que meditaba quedito, apenas material ante el fuego de ceremonia.


"Enséñame tu verdadero rostro" le pidió en la voz mas baja que pudo espirar, con la esperanza de no ser escuchado, pero el maestro conectado con el susurrar de las plantas y el aleteo de las mariposas levantó la mirada y respondió sin tardar "Apenas han pasado siete noches y tu vibración no esta totalmente preparada para ver tanta luz y tanta oscuridad"


La respuesta no apagó la curiosidad del aprendiz, que insistió con voz más fuerte "El día es propicio y estamos viviendo el tiempo del no tiempo, hemos sido alcanzados por la noche del último sol y mi proceso debe ser apresurado"


El maestro cerró los ojos y habló como si hablase para si mismo "Los ríos no se deben empujar, los procesos tampoco, sin embargo, es día propicio y el sexto sol esta próximo… veras mi rostro entonces"


Con la última palabra aún en el viento ambos se levantaron y se colocaron al lado del fuego, frente a frente.


Recorriendo el hilo ancestral de los rituales de los tlamatinimes, el maestro se dispuso a mostrar su verdadero rostro, su conexión con el tiempo y el espacio, manifestación de los mil seres y las mil cosas.


Entraron pues en una danza de ritmos, respirando, sintiendo, acompasando latidos del corazón, deshilando el tiempo con el diafragma, mientras las estrellas se movían en el firmamento y la luna recorría las copas de los árboles del gran cerro sagrado.


Y entonces se hizo la oscuridad, silencio eterno de un vacío perfecto de nada, como si solo ellos dos hubieran existido por siempre sin más materia ni luz. Apenas perceptible el sonido del aire corriendo por el cuerpo, como si viniese desde muy lejos, ecos de un universo ya olvidado.


Hasta que súbitamente nació una explosión de luz tan intensa que hirió los ojos del aprendiz que se hizo blanco como algodón y el maestro se alargó hasta hacerse una nada blanca que inundó el mundo, que poco a poco volvió a perfilarse en un rostro duro, viejo, eterno, como una roca que mira desde siempre hacia el tiempo, y en medio de la roca situó un par de ojos, negros y profundos y el aprendiz fue cayendo en ellos hasta ser tragado totalmente en un laberinto de colores y formas monstruosas y bellas, y al volver en si, el rostro era una serpiente y un cocodrilo, y una tortuga y un hombre-animal, y cambiaba como una masa de múltiples formas y los ojos negros entraban en el como cuchillos de sílex y el aprendiz gritó y su grito salió sordo, como un estallido de aire.


Y el rostro se extendió hacia el como manos, brazos y tentáculos y lo envolvieron totalmente hasta quitar toda luz y ante el aparecieron los planetas, el sol y las infinitas estrellas en el mar del Universo, y ahí se volvió a escuchar la respiración lejana y en el horizonte, apenas perceptible, el par de ojos negros, un rostro echo de galaxias.


Volvió la oscuridad, silencio completo, solo acompañado por la vibración de dos corazones, los latidos se fueron volviendo más lentos y con ellos fue apareciendo el fuego y las sombras de la cueva, poco a poco…


Sentados los dos frente a frente, el aprendiz intentó levantarse y cayó pesadamente en la tierra "despacio, tu cuerpo y espíritu deben descansar" los dos guardaron silencio un tiempo, reponiendo, reposando.


"¿He visto tu verdadero rostro?" pregunto el aprendiz, el maestro lo vio un poco y respondió pacientemente "Has visto lo que has podido ver, cada ser es una manifestación del todo, cada ser es el centro del Universo, porque todo está conectado en la red infinita de la vida, y en una red infinita existen infinitos centros, has visto el rostro de nuestros hermanos y hermanas reptiles, mamíferos, insectos, soles y galaxias, ahora medita y vive tu proceso"


La cueva volvió al silencio, el fuego continuo su baile ceremonial en el ocho mono y el heredero se miro a sí mismo y mostró su verdadero rostro a Ixmucané, la de blanca faz.

7TOJ 10 JUNIO 09

2 Bat´z